Dios existe y es abogado

Si eres una persona asidua a esto de navegar por Internet no te será difícil toparte con artículos que nadie ha solicitado que básicamente, se dedican a restregarte por la cara la mierda de futuro (laboral cuando menos) que se nos viene encima a todos. Debe generar mucho morbo sacar a la luz toda la hipotética mierda de forma anticipada, como si esto no fuera ya demasiado previsible por y para todos.

A algunos les mola hablar de la robótica que superará con creces el trabajo que pueda currarse el mejor de los hombres, sea cual sea el ámbito. Sobre esto, comentar que ni siquiera las disciplinas más humanistas como la música estarían a salvo. Pronto, dicen,  veremos al robocop bailar la música que él mismo ha compuesto.

Otros profetas tiran más de números y estadística para anunciar la catástrofe.

Otros reducen su ámbito de especialización apocalíptica para darte donde más te duele. LinkedIn publicaba hace poco el (su) prototipo de abogado del futuro. A modo de sinopsis, el tipo era una especie de divinidad que contenía toda una serie de cualidades muy atractivas del ser humano, desde la inteligencia emocional y habilidades sociales de un relaciones públicas hasta la mente calculadora de un ingeniero.

Los estudios en materia jurídica quedan a un segundo plano porque, claro, es más importante para un abogado el conectar emocionalmente con el cliente. Igual no le ganarás un caso pero desde la ruina o la cárcel recordará a su simpatiquísimo abogado con una sonrisa. Dibujale una sonrisa a tu cliente 🙂

Nada, por pedir que no quede. Al artículo solo le faltaba decir algo tipo “oh es que el mundo avanza muy rápido sabe, la globalización y estas movidas y eh, el abogado del futuro dominará almenos 5 idiomas y el catalán” ( hay no pocos locos que precisan de servicio ya que por lo visto van causando estragos por ahí con nosequé revolución de la risa. El abogado del futuro los identificará por llevar lazos amarillos).

Fora bromes, estoy harto de recibir este tipo de mensajes descaradamente desalentadores. Pero nada que ver con la decepción que se llevará el autor del artículo. Si de pequeño me hubieran pedido ( en clase o porque sí) una redacción sobre mi prototipo de pareja perfecta, hubiera salido un texto similar.

Y aquí estoy.

 

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