La Justícia de los Necios.

“¡Eso que asen es insti..incotisn.. insticon invifcijf lo de la Constitución!” Manifestante en pro de la unidad de ESPAÑA cuando le preguntan por qué no está de acuerdo con el movimiento independentista catalán.

Joke, no vale. Si buscamos independentistas cortos de mente también los encontraremos. Tampoco en ningún momento se ha pretendido generalizar y poner esta maravillosa frase en boca de tantos conciudadanos que tampoco están a favor de la independencia de Cataluña. Pero no sería excesivamente pretencioso decir que tiene su qué, como eslogan representativo de parte del sector.

Hace decenas de años, Orwell describía una sociedad distópica cuyo Gobierno y Administración contaban con un complejo entramado que les permitía ser la cabeza pensante de todos los ciudadanos (1984). En buena parte lo conseguían controlando los medios informativos. Podían hacer que una persona se alzara héroe de guerra e ídolo de masas de todo el país y, al dia siguiente, rebajar la reputación de esa misma persona al de traidor golpista.

Solo se comentaba, porque para volver el 90% de la población española contra los políticos independentistas, no parece que el Estado tenga un entramado de nada. Principalmente porque no hace falta. La gente ya da mucho de sí al justificar la actuación del Estado en la Constitución, a la vez que demuestra un gran espíritu crítico al discernir sobré qué se puede violar en la susodicha y qué no.

Y si uno tiene la hija de un político que está en prisión como medida cautelar de un presunto delito de rebelión, siendo entrevistada en televisión acerca de su situación emocional, lo primero es recordarle a ella y a todos los telespectadores que puedan empatizar ( cuando no simpatizar) con ella, que su puñetero padre “está en la -puñetera- prisión por saltarse las -puñeteras- Leyes y la jodidísima Constitución. Que alguien se lo explique”. Solo le faltaba decir “¡que a mí no me manipulan, eh! Que yo veo la tele :3 ” No me quiero acordar de dónde oí eso.

No solo se está normalizando la rarilla actuación judicial por parte del Estao. Hasta se vitorea.

Como experimento social (que suele salir mal) estaría interesante preguntarle a la manifestante a la que se hacía referencia al principio, qué le parecería si, en una situación (bastante) similar entre Canadá y Quévec, el Tribunal Supremo hubiera fallado a favor del diálogo de las partes y un posterior referendum vinculante de autodeterminación.

“¿En Canadá no tienen lo de la Constitución?”.

¡Sí! Contiene también un principio democrático al que se le da primacía, más peso (imagínese la típica balancilla).

Y es que en esto del Derecho, y a pesar de estar un servidor graduándose en ello, nunca quedan las cosas del todo claras. Lo que parece simple en el papel, luego no lo es en la práctica. Esto además claro está, de que uno no tiene ni zorra idea de lo que en verdad es el Derecho hasta que lleva unos cuantos años fuera de las aulas, ya graduado.

Y claro, el elemento “violencia” que se exige en el tipo penal de rebelión no tiene que ser entendida como el concepto convencional. “Uno puede ser violento de muchas maneras”. Pero para ello habría que ignorar el principio de interpretación restrictiva del tipo que se traduciría en, efectivamente, entender la violencia como lo que es: violencia.

No hace falta ser un snob intelectual para ver que no se ha ejercido violencia alguna. ¡De vicio!

Y para acabar voy a hacer un control c , así como reto. Lo que salga, ha salido.

“En democracia sería conveniente —dice este autor— admitir que la infracción
normativa no es necesariamente injustificable y, lo que es
más, que excepcionalmente puede llegar a estar en algunos
casos moralmente justificada
.
Otra cuestión que hay que tener en cuenta en el tema
de la fundamentación suprapositiva de las infracciones
normativas es que no es lo mismo «justificar un acto» que
«justificar al que actúa». El que actúa puede realizar actos
incorrectos por las razones correctas. Es por esto por lo
que a veces nos topamos con oponentes que actúan por
profundas razones que nosotros respetamos pero que no
podemos compartir. En tales casos aceptamos a nuestro
oponente como a alguien que actúa con seriedad moral,
pero esto no nos obliga a estar de acuerdo con él o a transigir
a sus deseos. En muchas ocasiones podemos estar
convencidos de que nuestro oponente debería actuar como
actúa —dadas sus creencias— aun cuando sentimos que
nuestro propio deber descansa en oponernos a sus pretensiones.
Sin embargo, la constatación de que estamos ante
alguien que actúa con seriedad moral, requiere que le tratemos
como tal y que le mostremos la clase de respeto a su
persona que excluye el uso del ridículo o el trato inhumano
o degradante. Esto es lo que ocurre con las infracciones
normativas éticamente justificadas. En ellas estamos ante
acciones en principio contrarias a lo debido, pero ante ciudadanos
respetables y responsables”

Haya paz, hijos de una grandísima y sarnosa hiena

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